¡Dedicado a la Nona!

Por Marcos Villalobo:

Nada es casualidad. En Argentina hay dos días para celebrar el “Día de la Abuela”. Sí, dos días. Es que ellas son especiales. El amor de un nieto hacia la nona es particular, único. De oro. Y cuando no está más, es un vacío muy grande. No hay nada comparable a un abrazo con la nona querida. Por eso cuando ya no está presente físicamente se extraña tanto, tanto, tanto… Pero a la vez, como consuelo, cada vez que miramos al Cielo en una noche estrellada sentimos que ellas nos acompañan.
Y así lo sintió Bruno Amione en la noche sanjuanina.

El partido era tenso, como siempre lo es un Argentina-Brasil. No importa que tengas 14, 15, 20 ó 40 años, un superclásico Argentina-Brasil tiene múltiples condimentos y mucho más si es una final.
Por el torneo Sudamericano Sub-15, el seleccionado albiceleste tenía una de esas jornadas que parecían que salían todo al revés. Perdían en la final ante la Verdeamarelha por 2-0, con un gol en contra inclusive. La sensación en los pibes era muy amarga. Tanto esperar por este momento y de pronto, todo cuesta arriba. Pero los juveniles dirigidos por Diego Placente jamás se dieron por vencido, aun sabiendo que la empresa era más complicada de la esperada. Y en una ráfaga de orgullo, tesón y fútbol, lograron emparejar el partido. El resultado era 2-2.
Se miraron entre todos. Hubo ecos de viejas epopeyas. Los pibes se miraron y entendieron que sí podía… Sí, se podía… Lo habían empatado; ahora faltaba un esfuerzo más.
Y Bruno miró al Cielo.
Una estrella brillaba más fuerte que las demás; y al pibe Amione, en ese momento, se le erizó la piel.

“Estoy muy contento por salir campeón, era lo que queríamos el grupo. Estoy feliz. No se da vuelta fácil una final, estando 2-0 abajo ante Brasil. Tuvimos actitud, huevos para sacar adelante al equipo y darle una alegría al país”.

Bruno es de Calchaquí, provincia de Santa Fe. En su pueblo se crió junto a su nona Norma. La amaba. Compartían tardes de mateadas juntos, caminatas… charlas de nieto y abuela. Su nona era especial, por eso le hizo muy difícil cuando se tuvo que ir del pueblo para jugar al fútbol en la ciudad de Córdoba.

Esa partida fue a comienzo de año del 2016, aunque los cazatalentos de Belgrano lo buscaban desde hacía un año aproximadamente.
En el pueblo, Amione jugaba de delantero, y siempre se destacó. Tal es así que en febrero de 2015 fue convocado a participar en el seleccionado de la zona en un torneo en Morteros, Córdoba. En ese certamen le pasaron varias cosas especiales, entre ellas que de jugar de atacante pasó a ser defensor. Y allí Belgrano lo anotó, lo invitaron a una prueba en el predio de Villa Esquiú, que superó con creces. Pero como marcador central. No obstante, recién en el 2016 se sumó a las inferiores Celestes, donde primero vivió unos meses en la pensión y al tiempo sus padres Jonathan y Liliana dejaron su pueblo para radicarse en Córdoba junto a él y su hermano más chico Enzo.

Cada tanto volvía a su Calchaquí natal, y por supuesto, la cita con la nona Norma Heredia era cantada. No había cambiado nada entre ellos, la unión y el amor estaba intacto. Los mates y las caminatas estaban presentes.
Y el 23 de enero, antes de volver a Córdoba, le dio un fuerte abrazo. Un abrazo que se hizo eterno. “Te quiero, nona”, le dijo… “Te quiero, nona…”
Regresó a Córdoba por su sueño de futbolista.

Y sus condiciones, dedicación y trabajo le trajeron una recompensa inesperada y emocionante: convocado a la Selección argentina sub 15. Fueron meses de mucho sacrificio, viajes y esperanzas… y entonces la citación al Torneo Sudamericano Sub15 en el cuyo argentino.
En el torneo se fue destacando en la zaga central con la casaca número tres. Antes de viajar dijo: “Queremos ser campeones”. Y estaba, junto a sus compañeros, convencido.

Por eso, a pesar de la adversidad que proponía la dominical noche sanjuanina, con el 0-2, nunca se dieron por vencido. Y menos cuando el juego quedó empatado 2-2.

“Con mi abuela compartíamos de todo. Mates, caminatas, me chocó mucho su pérdida. Por eso trato de no ir a mi Calchaquí, porque la voy a extralar. Todavía no caigo qué pasó, que ella no está más”.

Y allí fue que Bruno miró al Cielo.
Córner. Una estrella brillaba más que las otras. En febrero la nona Norma había fallecido. Él lloró mucho. No pudo ir al velorio. Salió trotando para buscar el centro. La piel se le erizó. La pelota viajaba y él sintió que venía hacia donde se encontraba. Se acomodó. Saltó… “Te extraño, nona”… Cabeceó. Los segundos parecían eternos. La pelota se clavó en el ángulo. Lo soñó. Gol. Pero es real. Golazo. Argentina 3, Brasil 2. Gol, Bruno, gol. Gol, nona, gol. Y Bruno sale corriendo…

“Apenas hice el gol se me vino toda la infancia que viví con mi nona. Con ella tomábamos mate, hacíamos de todo juntos. Yo le ponía las zapatillas. El 23 de enero fue el último día que la vi. Me acuerdo mucho de ese día, porque fue el día que me vine a Córdoba. Por lo menos le pude dar un abrazo y estoy feliz de haberme podido despedir con un abrazo”, nos cuenta. Se emociona claro, es la nona. Y eso fue lo que sintió en ese grito alocado. Gol a Brasil. Corre, se levanta la camiseta, abajo tiene una remera que tiene una foto con la nona. Se lo dedica a ella. Termina el partido. Argentina se consagra campeón. Bruno mira al Cielo, ese cielo sanjuanino que tiene una estrella que brilla más fuerte que cualquier otra. Derrama unas lágrimas. Es campeón.

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